Aprender a desarrollar un “sano” orgullo personal

Sentirnos a gusto con nosotros mismos es la única garantía para lograr una convivencia en paz con la única persona que nos acompañará durante toda nuestra vida. No es buen negocio generar enemistad y hostilidad hacia nosotros, menos aún indiferencia ante nuestras necesidades y anhelos. Desde que nacemos, hasta nuestro último respiro: “nos tenemos”. Somos y seremos nuestro único sostén, somos y seremos nuestra compañía más fiel.

El orígen de nuestra insatisfacción interior

Gran parte de nuestra insatisfacción deriva de un desajuste interior entre lo que sabemos que podemos llegar a ser y lo que estamos “pudiendo” ser. Cada uno tiene un ideal de sí al que aspirar. No hablo aquí de perseguir la perfección, sino de tratar de llegar a ser nuestra mejor versión, de volver “real” lo que yace en modo potencial. Cuando estamos siendo menos de lo que vinimos a hacer, cuando estamos dando poco de lo mucho que podemos ofrecer, vamos forjando un profundo sentimiento de auto-traición que nos “corroe” por dentro y nos socava la auto-confianza. Esta última es una característica fundamental para no dejar de apostar y seguir creyendo en la palabra que nos damos cada vez que nos prometemos algo. Cuando nos traicionamos, lejos de sentir orgullo del “sano”, nos avergonzamos.

Cada ser humano habita este mundo con un potencial único a desplegar. Comparable a traer consigo un puñado de semillas que han de germinar. La cotidianeidad es la tierra fértil y cada uno ha de convertirse en un voluntarioso agricultor. Sucede que a veces olvidamos abrir nuestras manos y nos vamos con los puños cerrados, no habiendo desplegado lo mejor de sí, como una flor que quedó a medio abrir.

Cuando este descuido personal acontece nos asalta un hondo sentimiento de frustración. Comenzamos a comparamos con los demás creyendo que los otros pueden más. Sin embargo, las comparaciones son en vano en materia de evolución personal, cada uno tiene “su batalla interior”, “su propio éxito personal”, que es consecuencia de fertilizar y germinar el manojo de semillas que cada quien vino a cultivar.

Una vida de satisfacción deviene de vivenciar un silencioso orgullo personal. Hondo orgullo que es testigo del esfuerzo que a diario forjamos por tratar de superarnos, por lograr lo que anhelamos, por levantarnos cada vez que nos sentimos caer, por trabajar algún rasgo, por desplegar lo que aún no ha sido desplegado. Más allá de los resultados, apuntar “al blanco” nos acerca a la satisfacción, mucho más que andar por la vida a ciegas o apuntando hacia cualquier lado. Más tarde o más temprano nos acercamos a nuestra realización porque estamos enfocados en dar de nosotros lo mejor. Ejerciendo la voluntad y el esfuerzo correcto, nos direccionamos y dejamos de ir de lado a lado. Así, casi sin darnos cuenta, con el tiempo nos volvemos diestros en orientar nuestra vida hacia nuestras más sinceras metas.

No se trata de alcanzar grandes victorias ni de cumplir grandiosas epopeyas. Sin duda, hay personas que nacieron con esa estrella e impactan mucho más allá de su mera individualidad. Son almas evolucionadas necesarias para ayudar a despertar a parte de la humanidad. Sin embargo, el común de los mortales tiene más que suficiente con trabajar sobre sí. Y lejos de ser una pequeñez es una grandiosa proeza que sin duda beneficia no solo a uno mismo sino a quienes están cerca. Una persona orgullosa de sí, tiene mucho para ofrecer a los demás desde su contento personal.

¿Cuándo nos sentimos a gusto conviviendo con nosotros? Cada vez que dejamos atrás un mal hábito, cada vez que alcanzamos una meta propuesta, cada vez que superamos una dificultad, que trabajamos un rasgo de personalidad, cada vez que desarrollamos un talento y hacemos algo útil con eso, cuando miramos hacia atrás y nos sentimos avanzar, cuando no estamos siempre en el mismo lugar…cuando ensanchamos nuestras virtudes y dotes y moderamos rasgos exagerados que debemos equilibrar. La lista puede extenderse infinitamente por cada persona que esté dispuesta a interrogarse a sí misma: ¿Qué me haría sentir orgulloso/a de mí mismo/a?

Tendemos a confundir la vida de placer con la vida de satisfacción. Equiparamos el estar entretenidos con el estar a gusto con nosotros mismos.

Cuando el placer solo viene a anestesiar una falta de realización personal, nos vacía cuando el entusiasmo culmina. Buscar llenar con comida, con sustancias, con ocio o distracción no es ninguna solución ni forma parte de la verdadera evolución.

Las personas realizadas a la par que disfrutan de la vida, generan un cúmulo de hábitos que están alineados al crecimiento y a la auto-superación. Y esto último requiere de un acto de madurez interior: comenzar a organizar la propia vida en función de lo que “queremos” y no tanto de las “ganas” que tenemos de hacer esto o aquello. El ánimo es fluctuante, las ganas y el desgano pasajeros, si utilizamos estas variables para orientarnos, nos moveremos ciertamente sobre arenas movedizas…Lo que queremos, si bien puede variar con el paso del tiempo, es una guía más fiable para posicionarnos en la realidad. Orientar nuestra energías y rutinas hacia lo que “queremos lograr” por encima de la inconstancia de nuestras ganas momentáneas, nos acerca mucho más a la actitud de volver la mirada hacia atrás y sentir el preciado orgullo personal: porque hemos avanzamos, porque hemos logrado, porque hemos crecido, porque hemos superado.

Aprender a desarrollar un “sano” orgullo personal

Psicóloga Corina Valdano

Visita la web

Facebook

COACHING EN ARGENTINA