Atrapados en nuestras creencias

atrapado nuestras creencias
Atrapados en nuestras creencias

Nuestras Creencias Inconscientes determinan la manera en que vemos y nos movemos en el mundo. Somos “marionetas” de nuestros programas inconscientes…hasta que decidimos tomar “conciencia” de ellas! Esta nota te ayudará a comprender cómo funciona la mente a través de lo que das por cierto. Ojala les sirva!

atrapado nuestras creencias
Atrapados en nuestras creencias

¿Cuantas cosas damos por sentado y tomamos como verdades cuando en realidad solo revelan una forma entre tantas de ver la vida? ¿Cuántas creencias sostenemos sin ser concientes de que nos dañan más de lo que nos posibilitan?

Hoy quiero hablarles de las “creencias”. Esas ideas tan arraigadas y poderosas que mueven nuestra vida y nos empujan a hacer lecturas arbitrarias y recortadas de la realidad.

¿Dónde nacen estas convicciones tan profundas?

Las creencias se forman de todo aquello que nos contaron y transmitieron acerca de la vida nuestros cuidadores. También gran parte derivan de la cultura en la que hemos crecido, la educación recibida y las ideas religiosas que nos han propagado.

Siendo niños acatamos como verdades incuestionables lo que nos dicen y nos muestran respecto de cómo “debe” ser vivida la vida. Todos los comentarios, las sugerencias,  las ideas, lo que oímos y sobre todo lo que “vemos” hacer en nuestras figuras de autoridad…se transformarán en los modelos mentales a través de los cuales leemos e interpretamos el entorno.

Me gustaría abordar algunas creencias para ejemplificar la manera en la que se van edificando. Tomaré tres casos:

  • Si de niño por ejemplo, he visto a mis padres renegar y quejarse todo el tiempo. La creencia derivada podría ser: “Ser adulto es muy difícil, aburrido y complicado. No quiero crecer y asumir responsabilidades”.

Como consecuencia encontramos muchos eternos adolescentes que se resisten a asumir su autonomía y se tornan dependientes de sus padres. Ser adulto es ser autónomo, con todo lo que eso implica, no jugar a serlo. Las comodidades de las que gozan no compensan en modo alguno la satisfacción de probar las propias capacidades y recursos. Es por ello que vemos jóvenes que tienen “todo” y sin embargo no se sienten satisfechos con su vida.

Si eres padre o madre, te animo a que reflexiones… ¿Qué le muestras a tus hijos acerca de lo que es ser adulto? Si ser adulto es: renegar, estar permanentemente apurado, no tener tiempo, que duela el cuerpo, que siempre haya un problema, que la plata no alcance, que el “deber” posterga siempre el placer… ¿Quién quiere dejar de ser niño o adolescente? No digo que ser adulto no conlleve estas cuestiones, sí puede que existan…pero no siempre, ni únicamente. Ser adulto también es poder elegir, tener autonomía, libertad de acción, capacidad de decisión, vocación,

. No es volverse serio y amargado, no es dejar de jugar y divertirse. Ser infantil no es reírse o hacer “tonterías” sino no asumir las propias responsabilidades y la propia vida, no nos confundamos.

Es fundamental que como padres alentemos a nuestros hijos a asumir la adultez con entusiasmo y le mostremos a través de nosotros que ser adulto es un valor positivo y una manera digna de posicionarnos en la vida.

  • Otro caso bien podría ser, si he visto a mi padre lamentarse por ir a trabajar, quejarse que la plata no alcanza, con temor a ser despedido, relegando su verdadera vocación por la “seguridad” de un empleo asalariado y acostumbrado a su rutina laboral….Puedo derivar la creencia de que trabajar es “aguantar” en un lugar en el que no se quiere estar, por un salariado asegurado. Emprender es solo para unos contados osados.
  • Por último, si como hijo experimenté sentimientos de rechazo, “de estar de más”, de incomodar a mis padres y condicionarlos demasiado. Si me han repetido frases como: “deje de hacer esto o aquello por vos, di todo por mis hijos, dedique mi vida a ustedes”. Puede que se instale la creencia de que “La maternidad y la paternidad son un problema, una complicación, o bien una resignación personal”.

Como padres debemos tomar conciencia de qué le transmitimos a nuestros hijos acerca de lo que es “ser adultos”, “qué es el trabajo, la vocación”. Tengamos presente que para un niño cuenta más lo que ven y resulta en el día a día que los consejos que les damos.

La lista de creencias podría seguir…

–               “La vida es difícil”.

–               “No se puede confiar en nadie”.

–               “La cabeza no te dará para estudiar”.

–               “Siempre que algo bueno sucede, le sigue algo peor”.

–               “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

–               “El esfuerzo dignifica”.

–               “La plata ensucia”.

–               “Pensar en uno mismo es ser egoísta”.

¿Ver para creer? No: Creer para Ver

Las creencias se refuerzan a sí mismas en un círculo vicioso agotador:

De las creencias se derivan pensamientos que desencadenan determinadas emociones. Estás emociones nos llevan a vivir ciertas experiencias. Lo que concluimos de esas experiencias tiende a reforzar las creencias originarias. Así funcionamos…confirmamos en lo externo lo que tomamos por cierto en nuestro mundo interno.

Lo que percibimos no es la realidad sino la proyección de nuestras creencias. Toda la información que hemos heredado (creencias) hace que percibamos un mundo muy distinto al de las demás personas, y éste determina un estado emocional que nos retroalimenta. Este estado emocional, a su vez, estimula nuestra percepción, nos encontramos en una especie de callejón. No llegamos a ser concientes de que nuestra forma de percibir determina los acontecimientos percibidos, y que los acontecimientos reaccionan a nuestra percepción.

Si pienso que la vida es difícil y complicada, estaré atenta a todas aquellas señales que me confirmen que es así.

Si pienso que no se puede confiar en nadie, destacaré solo aquellas experiencias en las cuales traicionaron mi confianza y pasaré por altos las muchas veces en la que esto no sucedió.

Si tengo un prejuicio acerca de una persona, solo veré de ella ese rasgo que quiero confirmar.

La mente posee un mecanismo llamado: “Filtro selectivo” o “Atención selectiva”. Esta es la función de base para sostener y confirmar nuestras creencias. Así: vemos lo que queremos ver. Nuestras percepciones están absolutamente condicionadas y sesgadas.

 Veamos ejemplos cotidianos y simples de cómo funciona este “filtro”:

“Si un día decides cambiar tu auto por una marca X, seguramente saldrás ese día a la calle y verás autos X por donde mires”. ¿Hay más autos X que Z, H, Y? No, tu atención está puesta en X”.

Nuestras experiencias responden a nuestras creencias inconscientes. Si deseamos cambiar nuestras vivencias, deberemos primero cambiar nuestras creencias. Esto es posible, sí y solo sí nos disponemos a trabajar sobre nosotros mismos y cuestionar lo que hasta hoy tomamos por verdad.

Hay creencias inofensivas que no nos traerán grandes complicaciones, las hay también saludables que serán buenas seguir sosteniéndolas. Pero… ¿qué hacer con aquellas creencias que nos limitan, nos postergan y nos generan sufrimiento?

Cambiar la forma de ver mi universo es tomar consciencia de la forma en que estoy viéndolo. Es decir, tomar lo que damos por sentado, relativizar nuestras verdades y empezar a contemplar posibilidades dónde estamos acostumbrados a ver certezas. Tenemos la sensación de que “elegimos” cuando en realidad solo repetimos patrones inconscientes heredados y mientras haya automatismo, no hay elección creativa. Tomar consciencia de nuestras creencias es el paso para elegirlas o des-elegirlas. Darle a este verbo una posibilidad reversible, es darnos a nosotros márgenes de libertad para gestionar la vida que queremos desde las creencias que nos resultan saludables sostener y dejar atrás las creencias que nos paralizan, nos enferman y estancan en la vida.

El trabajo sobre uno mismo facilita la toma de consciencia de las creencias que sostenemos sin haberlas elegido conscientemente.  Posibilita una re-consideración y re-actualización de los modelos mentales y desde allí la elección de conductas congruentes y coherentes conforme a las creencias que queremos construir para nuestra vida. Ejercer un rol activo y protagónico en la gestión del guion personal es lo que posibilita la creación y la libertad de elección.

Si tenemos en cuenta que nuestro inconsciente domina el 93 % de nuestras vidas, es fácil concluir que  aquellas creencias, condicionamientos y programas automáticos que heredamos, nos mueven tal como  “marionetas” del destino…y solemos pensar que tenemos mala suerte, que fue casualidad, que es mi karma, que otra vez me pasó a mí. Nuestro exterior es solo la proyección y manifestación de lo que anida en nuestro inconsciente. Esta verdad resulta un tanto incómoda para quienes quieren seguir sintiéndose víctimas de las circunstancias.

Trabajar nuestras creencias es desactivar programas mentales que nos llevan a repetir las mismas experiencias de siempre. “Creer es crear”. La Psicología Cognitiva afirma: “No son los acontecimientos en sí mismos lo que nos generan sufrimiento sino la interpretación que hacemos de los mismos”. Y estas interpretaciones derivan de “las lentes” a través de los cuales observamos nuestro universo: las creencias.

Albert Einstein, nos dice:

“Si no les gusta el mundo que ven, que sepan que no lo pueden cambiar; pero si cambian la forma de verlo, cambiará su universo”.

Cuando tomamos conciencia de ello, sentimos que está en nuestras manos hacer algo con lo que nos pasa y sentimos. “La verdad” pasa a ser “mi verdad” y desde allí podemos comprender que hay otras maneras de percibir la realidad. Solo podemos elegir cuando hay opciones y las opciones se hacen visibles cuando tomamos conciencia.

“Una creencia no es simplemente una idea que la mente posee, es una idea que posee a la mente”. Rober Bolt.-

Entonces… ¿Esclavo de tus creencias o soberano de tu vida? ¡De vos depende!

Ps. Corina Valdano.

Más Notas: https://www.facebook.com/pg/corina.valdano/notes/?ref=page_internal

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