Cómo salir de la postergación para dedicar tiempo a tus proyectos

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Tenemos mil maneras para eludir la concreción de nuestros proyectos. Una de las razones es la edad. “Soy muy viejo para…” “Soy muy joven para…” La frase bíblica tan famosa que dice “Hay un tiempo para todo” es mal interpretada y se transforma en un freno.

“ PREGUNTA: ¿Sabes qué edad tendré cuando aprenda a tocar el piano, ?RESPUESTA: La misma que tendrás sino aprendes” Julia Cameron

“Soy demasiado viejo”, configura una estrategia evasiva.

Queremos evitar el costo emocional que nuestro ego experimenta cuando volvemos a ser principiantes.

Analicemos lo opuesto:

“Cuando me jubile podré intentarlo”.

Parece que, al llegar a cierta edad, tenemos el permiso de hacer cosas locas.

Ya no le rendimos cuentas a nadie.

Pero, ¿Quién sabe cuál es la edad adecuada para comenzar?

Tal vez la correcta es la que tenés ahora.

La creatividad ocurre en el momento y en el instante no hay edad.

La clave está en iniciar el proceso.

“¿Cuánto tiempo me llevará aprender eso?” nos preguntamos y no arrancamos.

Esa es la trampa.

En vez de permitirnos emprender el viaje, nos preocupamos por su duración. “Es un viaje muy largo” nos decimos.

Pero cada día es la posibilidad de un avance, y ese movimiento hacia la meta vale la pena.

Negamos el proceso para enfocarnos en el resultado.

La vida se trata del proceso de hacer más que de los resultados.

Se trata más del viaje que del destino.

Entonces, ¿Arrancamos?

Foco en el proceso y foco en el resultado

En cierto sentido, el acto creativo nunca termina.

Si en tu proyecto te va mal, vas a tener que aprender a manejar el resultado.

Si en tu proyecto te va bien, adiviná… vas a tener que aprender a manejar el resultado.

Es por eso que la mayor parte del tiempo estamos en el proceso y una muy breve porción en el resultado.

Así que, ¿En qué conviene enfocarse más, en el proceso o en el resultado?

El resultado será nuestra guía. El punto de referencia para saber cómo vamos, pero el proceso es el espacio de crecimiento.

Es en el viaje donde el Héroe se transforma en Guerrero y luego en Mago.

La obsesión con el producto y la idea de que nuestra acción debe derivar sí o sí en una obra terminada, nos da la base adecuada para inventar todo tipo de excusas:

“Si no fuera porque parezco un tonto entre la gente joven, me anotaría en un curso de programación”.

“Si no estuviera tan gordo, iría a clases de danza”.

“Si no fuera por mi familia, me pondría un taller de restauración”.

Haca falta humildad para comenzar y ser principiante.

La apertura del iniciado lo conduce a la exploración, ese accionar lleva a la realización.

Todo comienza con el primer tímido paso.

¿Cuál es tu paso?

Respetar el proceso

Con esta expresión me refiero a dar pequeños pasos por vez en lugar de saltar a una etapa para la cual quizás no tengas la preparación suficiente.

Para tener tu propia marca de zapatos, primero deberás fabricarlos; para ello tendrás que tener las ideas de diseño y volcarlas al papel, un dibujo por vez hasta que tengas por lo menos 15.

Respetar el proceso significa dejar para después las preguntas perfeccionistas sobre la calidad de lo que estás haciendo y continuar tu labor, realizando el dibujo del día.

Casi siempre, lo siguiente a realizar es algo pequeño: investigar proveedores, comprar el hosting de la web, enviar un mail…

Te invito a admitir que siempre existe una acción al día para avanzar en tu proyecto. Cumplir con ese acto diario es respetar el proceso.

¿Cuál es tu paso diario?

Poniendo algo de drama

Como si a la vida no le faltaran emociones, nos encanta ser dramáticos imaginando las funestas consecuencias que tendrá en nuestra existencia el logro de las metas que nos proponemos.

“No puedo abrir mi negocio y seguir con esta pareja”.

“No me puedo dedicar mi tiempo a la música y vivir en esta ciudad”.

“No puedo iniciar este equipo de mercadeo en red y continuar con mi trabajo”.

Fantaseamos con la necesidad de un cambio total y destructivo, entonces dejamos de dedicarnos. No damos el paso diario. En realidad, no damos paso alguno.

Nadie te pide que des un gran salto. Te pido el pasito diario.

¿Y ahora qué sigue?

Esa es la pregunta que hay que responder.

¿Y ahora qué sigue?

El lunes arranco

Uno se prepara a la mañana para arrancar con el proyecto, digamos que tenés la ropa de correr, los libros para estudiar o estás por comenzar a escribir tu plan de marketing.

De pronto recordás que tenés que lavar la ropa.

En lugar de salir a correr, vas a seguir pensando en el ejercicio.

Vos sabés que no hablo de correr, te hablo de eso que seguís postergando.

Respetar el proceso significa trabajar con lo que tenemos en vez de quejarnos de lo que no tenemos.

Y el trabajo en nuestro proyecto es el que llevará a los resultados deseados.

A veces tenemos la oportunidad de culpar a otros por la falta de acción.

En este juego eso no vale. No sirve de nada.

En vez de quejarte de que no te ayudan lo suficiente, podrías preguntarte lo que vos podés hacer para dar el próximo paso.

“Aprendemos yendo adonde queremos ir” Theodore Roethke

Tarea

  1. Elegí una meta que se convierta en tu Norte.
  2. ¿Qué acciones podés encarar este año para acercarte a tu meta?
  3. ¿Qué acciones podés encarar este mes, esta semana, hoy mismo?
  4. ¿Qué recursos internos tenés para lograr esos resultados? Si no te sale ninguno, buscá alguien que te aprecie y preguntale. (Vale preguntarle a la abuela).

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Redacción: Andrés Belizan