El secreto de la renovación personal: renovar nuestros hábitos

Nuestros hábitos determinan nuestra vida. La sumatoria de pequeñas tareas y comportamientos sostenidos a diario le van dando forma a nuestra existencia.

Cuando hablamos de “transformación personal”, no tenemos que ver este concepto como algo abstracto, complejo, esotérico o mágico, que emerge de un súbito desbloqueo que libera la energía de nuestros chakras. Pensarlo de esta forma es una manera solapada de des-responsabilizarnos de la parte que nos convoca.

Los cimientos de cualquier transformación personal están hechos de renovados y beneficiosos hábitos que nos conduzcan a la versión de nosotros mismos que queremos ser o a los objetivos que queremos lograr.

Sin rutinas que nos mantengan enfocados en lo que queremos conseguir es imposible lograrlo. Tener nuevos objetivos sin nuevos hábitos direccionados a conseguirlos, es como tener un automóvil sin neumáticos. Ya que nuestros hábitos son las ruedas que nos acercan a nuestras metas.

Nuestro cerebro, la base orgánica de un hábito nuevo

Un hábito es un camino cortical. Es decir, es un sendero que siguen las neuronas en nuestro cerebro para realizar una determinada tarea. Un hábito instalado se manifiesta en nuestro cerebro siguiendo, por ejemplo, la siguiente secuencia: H → M → Z. Esta cadena o sucesión de tantas veces repetidas ya nos sale fácil y casi sin esfuerzo. Cuando aprendimos a manejar, al comienzo nos exigió mucha atención, pero con la práctica y el tiempo se fue automatizando y ya no tuvimos que pensar: “enciendo, aprieto embrague, pongo cambio, acelero”.

Instaurar un nuevo hábito, es inaugurar un nuevo sendero en nuestros circuitos neuronales. ¡Al principio cuesta! Se parece bastante a abrir un nuevo camino entre el matorral. Implica desmalezar, quitar todas las ramas del medio, las hojas y cuando está despejado, transitarlo, transitarlo y transitarlo para asentarlo y que permanezca en el tiempo. Sin duda los condimentos que no pueden faltar cuando se trata de abrirnos paso a una mejor calidad de vida a partir de nuevos hábitos son: la disciplina, el compromiso, la perseverancia y la tolerancia a la frustración para no desanimarnos cuando fallamos.

Nuestros cerebro perezoso que se resiste al cambio a más no poder, siempre querrá volver a sus antiguas rutinas que le demandaban ningún sudor. Por eso es tan importante acompañar nuestras intenciones de cambio con paciencia y amorosidad pero con la firme determinación de no dejar margen para que lo antiguo se infiltre y vuelva a ganar el lugar central.

La psicología budista nos dice que la rigidez y la exigencia son enemigas de toda transformación. La rigidez nos fija en más de lo mismo y la exigencia nos frustra y nos desanima cuando nos proponemos cambiar.

Cuando procuramos instaurar nuevos hábitos saludables en lugar de exigirnos debemos vernos a nosotros mismos como aprendices. Poner el foco en la intención, en la práctica, en hacerlo lo mejor posible, en la perseverancia del esfuerzo, más que en la ansiedad por alcanzar un objetivo concreto.

Cuando nos concentramos en practicar en cada momento, eventualmente vamos a conseguir nuestros objetivos porque la práctica hace al maestro. Pero antes de ser maestros tenemos que ser discípulos de nuestros propios esfuerzos.

Se trata de cambiar hábitos que mejoren nuestra calidad de vida no de alcanzar un resultado determinado para luego volver a lo mismo una vez alcanzado. El tiempo que nos lleva instaurar nuevos hábitos, es un tiempo necesario para saborear un nuevo modo de ser y de comportarnos.

Prácticas que facilitan instaurar nuevos hábitos en nuestra vida

A un hábito además de iniciarlo, hay que sostenerlo. De lo contrario, nunca se convertirá en un hábito, será una conducta aislada sin demasiado impacto en nuestra vida.

Es importante emprender al comienzo retos pequeños y gradualmente ir expandiéndolos y perfeccionarlos. A continuación, te comparto algunos pasos que pueden ayudarte en tu camino de regalarte un cambio de vida que te sea provechoso.

Una cosa a la vez:

Desde la motivación inicial podemos ambicionar demasiados cambios al mismo tiempo, sin embargo eso no será sostenible en el tiempo. La voluntad es finita y debemos saber cómo administrarla, ya que para todo no nos alcanza. Lo más probable es que si queremos hacer cambios radicales terminemos agobiados. Por eso mi consejo es que focalices en un objetivo en concreto (salir a caminar, estudiar una hora de inglés, meditar, comer sano, hacer averiguaciones de cosas que queremos emprender). Lo importante es que estos comportamientos sean repetidos a diario. Cuando el primer hábito esté lo suficientemente afianzado, entonces sí… agrega uno nuevo, y luego otro.

Especifica:

La conducta que queremos instaurar tiene que ser lo suficientemente concreta como para poder medir si la estamos cumpliendo (¿estoy estudiando una hora diaria?, ¿estoy saliendo a correr una hora todos los días?, ¿estoy meditando?, ¿estoy comiendo más sano?). Cuanto más concreta la meta, más claridad para ir hacia ella.

Anticípate a tus excusas:

Define un plan a seguir, una rutina con un tiempo asignado para cada comportamiento nuevo y agárrate muy pero muy fuerte a esa planificación. Si cada vez que te levantas te preguntas ¿voy o no voy a correr hoy? lo más probable es que cuando te sientas sin ganas abandones tu rutina. La decisión ya tiene que estar tomada y las zapatillas y la ropa lista al lado tu cama. Decidir demanda mucha energía a tu cerebro, y este lucha por volver a las antiguas rutinas de siempre basadas en el menor esfuerzo. Todos somos vulnerables, anticípate a tus excusas y busca soluciones a cada una de ellas, antes de que te las creas o que logren convencerte.

Recordatorios y avisos:

Escribe frases motivadoras, programa alarmas recordatorias, apunta notas en la heladera, elige fondos de pantalla e imágenes visuales que te recuerden los hábitos en los que estás trabajando. Por ejemplo: si quieres dejar de estar todo el día en piloto automático: activa una alarma en tu celular que diga: “pausa donde quieras que estés, respira profundamente y cuenta hasta diez para estar plenamente presente”. Estas interrupciones sostenidas, cambiarán de a poco tu modo de estar en tu día a día.

Propicia un ambiente adecuado:

Favorece una atmósfera que facilite aquellos hábitos en los que estás trabajando (si quieres comer sano y en tu alacena hay snack saludables para cuando tienes un antojo, te será más fácil. Si quieres instalar el hábito de la meditación y en un rincón de tu casa tienes un espacio con un almohadón, incienso y sonido de agua, seguro te será más fácil tomarte un tiempo para estar allí). Además de esto, corre de tu vista objetos, pon distancia a situaciones, a estímulos y a personas que no se correspondan con los cambios que quieras lograr. Ambientar tu lugar en correspondencia con la versión de ti que quieres lograr, demuestra real compromiso con el cambio que quieres ver.

Crea rituales:

Un ritual tiene un alto contenido emocional y requiere de plena atención. Convertir un hábito en ritual, es ligar una actividad a una emoción positiva repetitiva. Ritualizar es seguir los mismos pasos para llevar adelante una comportamiento. Ritualizar es sacralizar una actividad que quieres incorporar. Yo por ejemplo, cada vez que me pongo a escribir, me doy un baño, me pongo cómoda, preparo un té, tengo a mano frutos secos que me gustan comer, pongo siempre la misma música instrumental asociada a esta actividad y me entrego a la experiencia. La escritura está ligada a un momento que disfruto, en una atmósfera que me es placentera y me dispone de la mejor manera. De la misma forma, cada vez que salgo a correr tengo una serie de audios bajados a mi celular que me interesan escuchar. De esta manera, a la actividad física se asocia un interés que me motiva. Asociar la actividad a emociones positivas, nos ayuda a anclar la rutina y sostenerla en el tiempo.

Controla y analiza tu progreso:

Revisa periódicamente tus avances. Si consideras que vas bien, da un paso más hacia la dirección deseada. Si fallaste demasiado, planteate si en verdad eliges ese hábito o necesitas cambiarlo por otro parecido que te sea más fácil o más práctico. Si tu objetivo es ejercitarte y no te gusta correr, quizás yoga, caminata o natación pueden ser opciones que vayan más con tu forma de ser. El “para qué” del hábito es lo más importante y cada quien va encontrando sus propias maneras de incorporarlos.

Celebra tus logros:

Por más pequeños que sean, agradece tu esfuerzo, tu voluntad y busca las manera de auto-motivarte para seguir adelante. Puedes premiarte por cada objetivo que consigas alcanzar. Pero ¡atención! las recompensas tienen que estar alineadas a tus objetivos. Si lograste comer más saludable durante el último mes, la recompensa no puede ser comerte una hamburguesa de tres pisos. Está claro ¿verdad?

Cuando tus hábitos hablan de vos, sientes coherencia interior

Cuando incorporas hábitos saludables, cuando integras a tu vida conductas sostenidas que te acercan a tus objetivos y que están alineados con tus valores y tus principios, comienzas a sentir que tu vida toma la dirección deseada. En cambio, cuando anhelas algo y vas en la dirección contraria, sientes en tu interior una incoherencia y auto-traición que secuestra tu paz interior.

La ansiedad baja y la relación contigo mismo se vuelve mucho más amistosa si tus comportamientos están adecuadamente orientados. Pues, te sentirás más a gusto con la persona que a diario estás intentando ser. Este es el secreto de la verdadera transformación personal: la voluntad, el esfuerzo y la perseverancia para elegir una y otra vez aquello que sabemos que nos hace bien, tengamos ganas o no, nos dé pereza o estemos llenos de vitalidad. Sostener en el tiempo lo bueno para sí es elegir la salud a la enfermedad.

Psicóloga Corina Valdano.

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